Carteles Puertorriqueños Serigráficos, 1952-1983

El nacimiento del cartel en Puerto Rico como un medio de expresión artística coincidió con la creación del Taller de Cínema y Gráfica de la Comisión de Parques y Recreo Público en San Juan en 1946. Esta agencia gubernamental surgió del movimiento de justicia social que, entre otras cosas, se preocupaba de las condiciones de vida deplorables de un pueblo mayormente analfabeta viviendo en los barrios. Esta agencia fue encargada a promover consciencia de los asuntos pertinentes a la salud, la sanidad, la politica, y las relaciones sociales mediante la producción de películas, carteles, y libros illustrados. La directora de este taller era Irene Delano, quien creía que el cartel de serigrafía podía ofrecer el medio de comunicación más económico, dado que no se necesitaba maquinaria. Todos los carteles eran impresos a mano, a menudo por el artista que los había diseñado, y se componían de imágenes grandes y simples, impresas en colores planos.

En 1949, el Taller de Cínema y Gráfica fue subsumido por el recién creado Taller de Gráfica de la División de Educación. Bajo el liderazgo de Irene Delano, el taller empleó a un número de artistas jóvenes puertorriqueños que habían estudiado el arte en el extranjero. Ellos trajeron a Puerto Rico una visión artística nueva arraigada en la cultura artística contemporánea de los Estados Unidos, pero una enfocada en la identidad cultural de Puerto Rico. Uno de estos artistas, Lorenzo Homar, sucedió a Delano y dirigió el Taller de Gráfica de la División de Educación desde 1952 hasta 1957. Pronto se hizo el más artisticamente influyente de los artistas gráficos trabajando en el medio de serigrafiá en Puerto Rico.

En 1955, como consecuencia del movimiento de independencia y los fuertes sentimientos nacionalistas que produjo, se fundó una segunda organización patrocinada por el gobierno. El Instituto de Cultura Puertorriqueña fue creado para fomentar una identidad cultural genuinamente puertorriqueña, en vez de una derivada de los Estados Unidos, a través del establecimiento de talleres de arte en su propio complejo, y la promoción de espectáculos de teatro y de baile, exposiciones de arte, y fiestas y ferias. Con el establecimiento del Instituto su Taller de Gráfica también fue creado para la producción de carteles que hacían propaganda para estos eventos y actividades, pero que también podia adiestrar a futuras generaciones de artistas gráficos. Lorenzo Homar dejó el taller de la División de Educación para dirigir el recién creadoTaller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña. Allí él cultivó un ambiente de colaboración y experimentación, a través del cual los limites técnicos del medio de serigrafía fueron ampliamente extendidos. Los artistas gráficos que trabajaban en el Taller de Gráfica bajo el liderazgo de Lorenzo Homar, como Rafael Tufiño, José Alicea, Antonio Martorell, y Luis Alonso, entre otros, producían carteles que más se acercaban a imitar los matices de color y de textura más caracteristícos de la pintura.

Durante la decada de los sesenta, se desarolló también una corriente revolucionaria o contracultural, especialmente evidente en los carteles producidos en el Taller Alacrán,un taller colectivo independiente creado por Antonio Martorell. Siguieron otros talleres independientes, y un diálogo rico y productivo estaba constantemente evidente. El periodo durante del cual Homar dirigió el Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña, 1957-1973, coincidió con la edad de oro del cartel en Puerto Rico.

La decada de los setenta fue una de crisis para los talleres. Con el crecimiento de prosperidad que se sentia a través de la isla surgieron nuevos asuntos tales como la drogadicción, la delincuencia, y la promiscuidad para los cuales la División de Educación, y por consiguiente su Taller de Gráfica, no estaban preparados. Pero un factor más crítico en el proceso de defunción del cartel producido por el artista mismo fue la difusión casi universal de la televisión con su potencial para comunicación y persuasión. El apoyo gubernamental para ambos el Taller de Gráfica de la División de Educación y el Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña disminuyó, mientras las estructuras físicas que alojaban estos talleres se deterioraban. Con la clausura, primero del Taller de Gráfica del Instituto de Cultura Puertorriqueña in 1986, y después del Taller de Gráfica de la División de Educación in 1989, la producción de carteles patrocinados por el gobierno y producidos por artistas disminuyó también. Los artistas una vez activos en estos talleres trabajaban en sus propios talleres para obras de comisión, o cambiaron a otras formas de expresión artística.

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